TERRORES NOCTURNOS


Tengo sueños que no me dejan dormir. Sueños que buscan ser terminados de acuerdo a un plan que desconozco.


Nunca pensé que la dinámica de convertirme en una persona adulta tuviera tantas palabras que me llenaran de prejuicios. Me asombra tanto la comparación que generamos internamente con los demás.


Tengo imágenes en mi mente; se mueven y colapsan cuando cierro los ojos. Una lista de pendientes sin terminar.


Me da miedo no vivir. Me da miedo perderme del tiempo, de lo que aquello me regala. Temo no poder estar ahí cuando toque las estrellas.


Tengo sueños que se dibujan desde la infancia. Motivos para poder seguir soñando que todo se vuelve real.


No creo que sea la única persona con estas cosas en la mente; alguien más también se encuentra en una situación de desesperanza tal y como yo lo estoy.


¿A qué le teme el mundo cuando es posible que no vuelva a salir el sol después de la luna? Hay un remolino de confusión de emociones que se entrelazan y agitan toda la seguridad que había construido, esa creencia en que todo va a estar bien.


Existe en mí la incertidumbre de que la vida siempre tiene dos caminos como opción y no quiero equivocarme al no elegir lo correcto.


¿Cuántas cosas he perdido por ir a la derecha? ¿Cuántas manos he soltado por ir a la izquierda? ¿Aquel camino por el que voy será el indicado? ¿Hacia dónde se irán esos anhelos que cuelgan sobre la cama antes de dormir?


No quiero caer en un pozo donde no hay ni una gota de esperanza. Sufriría si en algún momento llegase a sentir que todo se ha terminado y que ya no queda nada por andar.


Tengo miedo de perderme y al mismo tiempo extraviar todo lo que le da un poco de sentido a mi existencia. No quiero quedarme con las ganas de vivir el brillo del sol, la luna y las estrellas. No quiero perderme de nada bueno, porque nunca me he perdido de algo que me duela.


Me da miedo no vivir mis sueños, me aterra no poder sujetarme a ellos tan fuerte como alguna vez los quise convertir en realidad.


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