LA PLAYA Y BETO

"Disfruten el mar"— le dije a mis papás mientras mi nana prendía la tele en la habitación. Se llevaron a mis tíos que vinieron a vacacionar por acá, así que prefiero no arruinar el viaje quejándome de que ya me quiero regresar a la casa porque mi papá termina bien bravo y me dice que mejor me hubiera quedado en la casa.

Lo que no me gusta de la playa es que hace más calor que aquí adentro, por eso prefiero quedarme. Además, me choca que de la nada ya tengo arena en los calzones. La última vez que fui a la playa fue hace tres meses, cuando cumplí nueve. Yo creí que sí me iba a gustar ir, pero no, nada más me requemé y me ardía todo el cuerpo. Mi mamá me tuvo que untar crema y olía feo.

A mí me gusta jugar con que ando en el mar y así, pero nada más en mi casa. Tengo un barquito de juguete; es amarillo con velas verdes, bastante inusual. Lo pongo en una tina llena de agua y piedritas que me regala mi mamá. Entonces empieza la acción. En mi barquito transporto jarras para los hoteles, ahí pueden servir jugo de piña o agua de limón. Mi mamá siempre pide piña colada, supongo que es igual que el jugo de piña, pero lo pasan por un colador.

Puedo ver desde la casa a mis tíos tratando de flotar mientras andan en traje de baño y mi papá les toma fotos. También desde acá veo a los que venden la piña colada, los cocos y el refresco. Hasta el fondo de lo que se puede ver hay barcos grandes que llegan al puerto y traen cosas. O no traen nada.

Cuando mis papás regresan de la playa siempre me traen algo; un chuchuluco o algo para guardar, como una conchita o algo curioso que se encuentren y lo pongo en la repisa y le hago dibujos. A veces le vendo mis dibujos a mi nana, pero mi papá se enoja. De todo se ataca. Siempre anda bravo. Yo prefiero que mi papá se vaya a vivir a la playa y que se enoje en otro lado, pero aquí no, porque no me deja jugar tranquilo.

Comentarios