Artículo de opinión
¿Entonces las marchas feministas no sirven? Que esto no se vuelva a pronunciar. Si no sirvieran ni tuvieran un sentido, las mujeres no tendrían derecho al voto, ni acceso a la educación, tampoco se hubiese creado la Ley Olimpia o la Ley Ingrid.
El feminismo no es algo nuevo, pero si lo es en el lenguaje
y en la manera de crecer y de vivir que están recorriendo el mundo entero.
Las mujeres están haciendo historia desde hace
mucho, desde el sultanato de mujeres del Imperio Otomano en el siglo XV
hasta Malala exigiendo la educación para las niñas en Pakistán
y en defensa de las afganas.
Es cierto que las mujeres difícilmente han podido ocupar un cargo político, sin embargo, muchas de las mujeres que han estado encabezando los movimientos en torno al feminismo han sido los grandes pilares para poder marcar una iniciativa a la igualdad de género, de derechos, privilegios, incluso de obligaciones. Sin esas mujeres que tuvieron la magnífica y valiente idea de luchar por la equidad, no estaríamos en el lugar que actualmente nos encontramos.
Qué gran error es referirse a las feministas como “feminazis” como lo
ha hecho en algunas ocasiones el presidente López Obrador. No
hay mayor signo de ignorancia que ese, pues se
combinan los términos
de feminismo y nazismo, el cual fue un sistema
impuesto en Alemania por Adolf Hitler, además de ser dos ideas
completamente diferentes.
El movimiento feminista va más allá de las marchas, más lejos que el color morado, más allá de cualquier rasgo visible. Ser feminista también habla de las mujeres que tienen una historia difícil o que quieren evitar una historia similar en la vida de otra mujer. Ser feminista es abrirse el panorama ante la realidad de la vida como mujer, ver cómo es que existen señales de alerta que nunca se habían detenido a pensarlo, cuestionar e intentar remover ese factor.
No existe un modelo exacto ante el feminismo; hay feministas provida o proaborto, feministas activas que participan en las marchas y en iniciativas y feministas pasivas que participan alejadas de este tipo de actividades. Muchas feministas cuentan cómo es que cambió su vida al ir deconstruyéndose acompañadas de este movimiento.
Muchas personas podrán decir que los hombres también viven violencia y claro que sí, sin embargo, no es de manera directa por ser hombres; existen los cárteles de narcotráfico, las pandillas, los grupos de robo e infinidad de situaciones, además de las violaciones sexuales que son un número bastante menor en comparación a las violaciones hacia mujeres que en la mayoría de los casos terminan en un feminicidio.
Ser mujer siendo difícil, viviendo en un mundo en el que toda acción de violencia se justifica con “los instintos”. Por ejemplo, cuando una mujer se viste con ropa ajustada o corta, comúnmente los hombres dicen que eso es un acto de “provocación” y que de ahí devienen las violaciones, pero no hay que olvidar que incluso ha habido casos de niñas y bebés que han sido violadas. No es cuestión dela ropa, es solo por ser mujer.
El feminismo no plantea reeducar, sería un trabajo bastante extenso, solo intenta crear conciencia en que las mujeres son un foco de vulnerabilidad habiendo tanta violencia y discriminación de género y que esta situación debe cambiar.
Algunos logros del movimiento feminista en México son: Derecho al voto, derecho a la educación, participación política, reconocimiento de la violencia a las mujeres, trabajo renumerado, ley Olimpia, ley Ingrid y la despenalización del aborto que poco a poco va llegando.
Son cada vez más mujeres que se suman a este movimiento y también, las
que deciden salir de la burbuja
impuesta con la que habían crecido. Si bien, los hombres pueden decir que todas y todos somos iguales,
en esto también se deben aplicar los derechos, las obligaciones, libertades.
Gracias al feminismo, ahora se cuestionan más las actitudes o posturas ante diversas situaciones, sobre todo aquellas que tienen que ver con el sexismo, los signos de violencia, aspectos de odio de género.
Falta un largo camino por recorrer, pero todo será para bien. Benditas sean las mujeres que no se quedan calladas y levantan la voz por las que aún tienen miedo de subirle el volumen a esas palabras que les darán libertad plena.
Arely
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