Hoy pude haber despertado contigo, pero no fue así, solamente volví a soñarte. Ya estaba demasiado despistada que sentí que todo era real. Las manos me sudaban y todavía podía sentir tu perfume. No hubiese sido un mal momento de sueño para hablar de aquello de lo que nunca hablamos cuando aún estábamos juntos, pero por una cosa u otra no podíamos decirnos nada.
Como un nudo ciego me quedé, y me cerré más por lo de siempre; mi orgullo. Nada puede hacerme volver atrás paras poder aclarar algo; nada puede hacer que acepte mis errores o que acepte disculpas... Y eso es lo que odio de mí. A veces. Otras veces no. Pero me quita tranquilidad, porque muchas veces, las cosas solamente pueden resolverse si hablamos.
Después de casi una década sigo estando segura de que te extraño. Y extraño más reírme contigo o sentirme ansiosa por saber qué sucedería al día siguiente. Desde muy adentro de mí quiero volver a verte, pero eso de ser orgullosa todavía no se me quita. Supongo que será difícil despegarme de tu recuerdo, porque durante estos años he comprobado que superar al primer amor puede ser una travesía enorme y que no parece acabar.
Ojalá pudiera volver a verte, aunque sea un ratito, aunque sea al cruzar la calle o comprando helados. Aunque sea un saludo pequeñito. Nada más pido eso, porque si te veo con mis propios ojos que siempre ven más allá, sé que voy a poder saber qué es lo que fue de nosotros y todo lo que nos perdimos. A lo mejor y ya no me gustas y me doy cuenta que solamente tengo buenos recuerdos junto a ti, o tal vez me de cuenta de que no he dejado de sentir amor. Nada es seguro, por eso quiero verte una vez más.
¿Tú también quieres verme? Si quieres, yo quedaría encantada. Pero si no quieres, lo habré entendido todo y estaré agradecida por hacerme saber que los vínculos terminan también con el tiempo y me tocará esperar cuanto sea necesario para ver cómo el vínculo que yo aún conservo se deshace.
Comentarios
Publicar un comentario