Me levanté de la cama y salí de la habitación hacia la cocina. Encendí las luces y no vi nada. Tomé un poco de agua y volví a la cama para intentar dormir. Mandé a la verga todas mis pesadillas que no me dejaban descansar y cerré los ojos de una buena vez.
Quizá pasó una media hora en la que dormí y un golpe me volvió a despertar. Solo abrí los ojos y nuevamente escuché ese sonido. Esta vez no pude moverme. Volvió a sonar ese ruido y pude sentir que venía desde abajo de mi cama. Por un momento sentí que seguía soñando pero no fue así, ya que en los sueños no funcionan los relojes, pero el mío funcionaba, así que todo era real.
Ese golpe volvió a sonar. Cada vez era más rápido y poco a poco vi como salía algo de mi cama. Una criatura extraña con cabellos largos y enmarañados que tan pronto como salió de ahí se subió sobre mi cuerpo paralizado.
No podía gritar y el único remedio para tranquilizarme era pensar en que nada de eso sería permanente y que bastarían unos minutos para estar bien. Esa cosa me miraba justo a las 3:33 a.m.. Sus ojos eran muy profundos y había un olor asqueroso. Vi que mi hermano entró corriendo a la habitación pero, ya era tarde. Mi alma se había ido.

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